Reduce tus autoexigencias. No eres Superwoman

Hola de nuevo, ¿qué tal estás? ¿Tienes muchas actividades en tu agenda para esta semana? ¿He oído un suspiro de “no lo sabes tú bien”?

Hoy vengo a hablarte precisamente de las autoexigencias que nos ponemos y a las que muchas veces no llegamos.

Pero tranquila que tengo una buena noticia: ¡No eres Superwoman! ¡Reduce tus autoexigencias! No tienes que llegar a TODO.

No es misión imposible aunque pueda parecerlo…

La clave está en encontrar entre tantas exigencias cuáles son realmente importantes para ti.

Las exigencias impuestas por ser mujer

Este post va dirigido especialmente a las mujeres. No es mi intención dejar de lado a los hombres porque sí, simplemente no suelen ser los destinatarios de la problemática que planteamos hoy, otro día escribiré especialmente para ellos.

Nos merecemos (permíteme que me incluya) por un día un poco de exclusividad en positivo, para reflexionar sobre cómo el hecho de ser mujer parece que lleve implícito una especie de obligación a hacer todo lo que se espera de nosotras.

Tenemos que ser mujeres fuertes, femeninas, trabajadoras, cuidar de la familia, llevar el hogar hacia delante, hacer deporte, comer sano y encargarnos de todas esas tareas extras que aparecen en nuestras agendas (médicos, academias de idiomas, actividades extraescolares, etc.)

¡Ah! Y ni se te ocurra ponerte enferma… porque ni siquiera una gripe o cualquier otra afección médica te librará de todos esos quehaceres…

¿Te sientes identificada?

Yo también me exijo demasiado. ¿Y quién no?, es la pregunta que se me viene a la cabeza…

En la actualidad la presión social y la propia exigencia nos hace atiborrarnos de responsabilidades como si no tuviéramos límites. Tenemos que ser perfectas en todo; a nivel personal, familiar y profesional.

Llegar a todo es misión para heroínas de fantasía. ¿Eres alguna de ellas?

El coste psicológico de ser madre

Si ya es duro ser mujer en esta sociedad, si además eres madre es casi misión imposible. ¡Espera! Da igual si la maternidad solo está en tu mente como proyecto, o si ni siquiera te lo planteas. Ya están los demás para recordarte que “tienes que cumplir con esa obligación” (lease con ironía).

No eres súpermamá

Parece ser que el hecho de tener género femenino implica que estamos obligadas a engendrar una vida en nuestra interior. Muchas veces la sociedad se olvida de que esa tarea queda a decisión de la persona y no del que disponga de aparato reproductor.

¿Has oído alguna vez a un hombre quejarse de la presión que siente por ser padre? Yo hasta día de hoy no. No sé tú…

Si la mujer decide tener hijos porque es su deseo suele venir acompañado por una serie de preguntas del tipo: “¿y qué haré con el trabajo?, ¿y si me despiden?, ¿me darán la jornada reducida? ¿Cómo voy a dejar a mi bebé de pocos meses e irme a trabajar?, ¿con quién lo dejaré?

 

Y si eres autónoma, como yo, tendrás otras preocupaciones añadidas como por ejemplo; si tendrás derecho a baja remunerada, si esa baja será aún más corta que la de una persona contratada, si tu empresa sobrevivirá sin ti, etc.

Cuando ya los tienes y vuelves al trabajo con ganas de recuperar tu rol como profesional y tus propios objetivos, empiezas a sentirte culpable por dejar a tu peque en un centro de educación infantil, a cargo de los abuelos o con quien hayas decidido. Intentas aplicar eso que llaman conciliación familiar pero en la mayoría de los casos es imposible. Al final acabas sintiendo que haces muchas cosas a medias y te quedas con el sabor amargo de no llegar a nada. Quieres pasar más tiempo con tus hijos, quieres alcanzar tus metas y sueños profesionales y también te gustaría pasar más tiempo con tu pareja, si la tienes, o con tu familia o simplemente tener vida personal.

Si no tienes descendencia por el momento o es una cuestión que no te planteas siquiera, con mucha probabilidad tendrás que lidiar con la “exigencia” de la maternidad. Te preguntarán si tienes pensado tener hijos, o te dirán comentarios pasados de tiempo y de tono o te criticarán si has decidido no tenerlos. No importa, con mucha probabilidad serás juzgada igualmente.

¿Crees que al hombre se le exige ser padre? Yo creo que es al contrario… ¿Qué suele decirse de forma coloquial de un hombre que decide no tener hijos? ¿Y de una mujer que toma la misma decisión?

Pues eso mismo; creo que la respuesta está clara.

Las consecuencias de las elevadas autoexigencias

A mi consulta llegan a diario mujeres de todas las edades con niveles de estrés muy elevados. Cuando empezamos a hablar no tarda en aparecer esa lista interminable de responsabilidades.

“Es que no sé cómo hacerlo para llevar el trabajo al día y pasar tiempo con mis hijos. Debería organizarme mejor para poder atender ambas cosas tal como quiero.”

“Me levanto a las 6 de la mañana todos los días para dejar la comida lista y la casa recogida, luego llevo a mi hija al colegio y de allí al trabajo. Cuando salgo a las 7 de la tarde, paso a recogerla de las clases extraescolares y en cuanto llegamos a casa; baño, cena y a la cama. Sé que no lo estoy haciendo demasiado bien y que tengo que estar más tiempo con ella pero; ¿qué puedo hacer? No me quedan más horas en el día. Cuando consigo sentarme en el sofá a las 10 de la noche me siento exhausta y empiezo a sentirme tan culpable que no puedo evitar comerme ese trozo de chocolate que tanto placer me da”.

“Se que no pasa nada si un día estoy triste y decido comer un poco de helado, siempre que sea consciente de ello. Pero no puedo permitírmelo. Para mí es señal de que sigo sin controlarme y que así no conseguiré mis objetivos. Cuando me miro en el espejo veo cada cucharada que he comido en mis caderas”.

Estas son las historias reales de mujeres hartas de exigirse y de estar sometidas a tanta presión por culpa de una sociedad que no avanza y que por muchos intentos que haga por aparentar igualdad de género sigue anclada en viejos patrones.

Aunque no todo es culpa de la sociedad, siento decírtelo. Nosotras también somos responsables de nuestras vidas y hemos elegido “quedarnos” con dichas exigencias. Además, lo que dicta la comunidad es solo una parte. Las más importantes son las que hemos ido creando a lo largo de nuestra trayectoria según los valores, educación, experiencias, proyectos, etc.

En mi opinión, considero que ya va siendo hora de que nos desprendamos de esas etiquetas y exigencias que asumimos como propias sin pararnos en ningún momento a preguntarnos: “¿realmente esto es importante para mí?

A mis clientas les digo:

-“Quítate ya la capa de Superwoman” ¿O acaso eres una superhéroe y no me lo habías dicho?  

Si quieres volar tendrás que quitarte la capa de autoexigencias.

Ha llegado el momento de transformar los “debería” y los “tengo que” por otros más amables.

Te propongo que analices los tres ejemplos anteriores y que reflexiones si te sientes identificada o no. Puede que tu caso sea distinto pero es probable que tras distintas situaciones se escondan exigencias similares.

Si nos vamos a los tres comentarios anteriores, puede verse que en los dos primeros hay una tendencia clara a querer llegar a todo sin delegar ni pedir ayuda. Ese; “soy mujer y puedo con todo“, “tengo que ser una madre excelente y buena profesional“, “no necesito ayuda”, “es mi obligación”.

Por supuesto, como es evidente, aparece el malestar y los sentimientos de culpa y frustración cuando ves que no puedes abarcar todo tú sola.

El último caso es un poco más específico. Vemos a una chica que no es capaz de ceder y perdonarse ese “desliz” que ni siquiera le hace daño. Que se tome unas cucharadas de helado porque ha tenido un mal día o siente que lo necesita no es negativo siempre que tome consciencia de ello y no responda de forma automática. Y de ninguna forma va ha impedirle conseguir su objetivo. Unas simples cucharadas de su helado favorito dentro de una comida equilibrada no hace daño alguno.

Pero aquí entra en juego su alta autoexigencia. No se perdona no ser perfecta al comerse el helado, igual que no se perdona no ser perfecta al ver su reflejo en el espejo.

¿Y qué hacemos con todo esto?

Reduce tus autoexigencias

Seguro que te estás preguntando: “Sí, eso está muy bien pero; ¿cómo?

Te diré que hay tres premisas claves que tienes que tener en cuenta si quieres reducir tus exigencias y sentirte mejor. Parece sencillo pero no lo es.

¡Atenta a los tres grandes secretos! 😉

Primera clave:

Delegar: es decir, dejar para otra persona aquello que no puedes o quieres hacer. Confiar en que otra persona puede hacerlo tan bien como tú y aceptar que no puedes encargarte de todo. ¡Ojo! Si cedes lo haces del todo y dejas de pensar en ello. ¡Que sencillo! ¿Verdad? Imagino que entiendes la ironía de mis palabras…

Segunda clave:

Pedir ayuda: es decir, permitir que otra persona participe en la tarea que tienes que hacer y trabajar en equipo. No es malo pedir lo que se necesita. Si esperas que los demás lo adivinen les estarás presionando con unas exigencias que no les corresponden, a no ser que tengan capacidades para leer la mente…

Tercera clave:

Aceptarte y perdonarte: es decir, aceptar tus propias limitaciones y perdonarte por no cumplir con todo lo que los demás esperan de ti o tú misma esperas de ti. Esto es un trabajo que requiere tiempo ya que muchas veces tenemos demasiado integradas esas exigencias y ni siquiera nos damos cuenta de que las tenemos.

Hay muchos otros aspectos que se pueden trabajar para modular las exigencias pero aquí tienes tres claves muy generales, pero básicas, por las que empezar a reflexionar.

Recuerda que eres humana; tienes límites y también te equivocas. La perfección queda muy lejos del ser humano.

Si crees que necesitas ayuda acude a un profesional. Así estarás aceptando que tienes dificultades y necesitas ayuda para resolverlas. Y ese es el primer paso para la transformación.

Si ya me conoces y has leído algo sobre mí, sabrás que siempre digo:

La capacidad para pedir ayuda es otro recurso que está en tu mano.

¡Suficiente por hoy! ¿No crees? Ya tienes mucho por dónde empezar a trabajar.

¿Qué te ha parecido? ¿Te has sentido identificada?

Escríbeme si te apetece contarme cómo te sientes o quieres hacerme alguna consulta. Estaré encantada de leerte.

Recuerda compartir en tus redes sociales si crees que puede ayudar a otra persona.

¡Hasta la próxima!

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